viernes, 8 de junio de 2012

Museos segundo día

Ayer arrancamos con el Museo de Orsay, hermoso. Hay una satisfacción rara en ver los cuadros que uno ha visto miles de veces, de cerca. Notar las pinceladas, el brillo, el espesor. No soy demasiado original y me gusta Van Gogh, Monet, Manet, Cezanne ... más o menos en ese orden. Me encantaron los cuadros de Seurat, y me hicieron acordar de los mamarrachos que hacíamos en la escuela tratando de aplicar el puntillismo.


Como el día anterior en el Pompidou, empezamos mirando todo, hasta que nos dimos cuenta de que eso era imposible, y empezamos a elegir. No se qué dejamos afuera. Llovisnando,  salimos del museocon la intención de ir al de LÓrangerie (también impresionista) pero mientras comíamos una baguete de poulé, la lluvia se volvió torrencial. Había que cruzar el Sena y caminar unas cuántas cuadras, para un lado, esa meta intermedia, para el otro, el Louvre. Mientras paraba la lluvia, refugiados en una escalera al costado del río, decidimos ir directamente al Louvre. Ya llevábamos 3 horas de caminata. Y estábamos mojados ...


Entramos al Louvre 15:30, salimos 17:45. Vimos lo que queríamos ver: Delacroix, Ingres, La Encajera de Vermeer ... pero principalmente, hicimos nuestra procesión profana a La Gioconda (no como le dicen acá La Joconda) ... una inmensa procesión laica, formada por miles de razas hablando todos los idiomas del planeta. Sacamos nuestra fotito (testimonio de presencia), nos paramos 2 minutos en la primera fila, y nos fuimos. El Louvre es como una inmensa estación de trenes, ruidosa, llena de gente circulando por sus grandes galerías, sacando fotos ávidamente a imágenes que están disponibles en todos lados ... y agotador como una peregrinación a pie a Luján. Así y todo, lo disfrutamos, porque sabíamos qué queríamos ver.






 Cuando salimos de ahí parecía que los pies ardían, que ya no éramos capaces de dar un paso más ... sin embargo sólo para salir hay que caminar como 5 cuadras. Fuimos buscando un banco cual mendigos, bajo un sol que se había vuelto sofocante, hasta una de las fuentes de Las Tullerías y allí nos sentamos. Mientras Jorge insitía como un niño con que quería ir a La Defense.


Finalmente accedí bajo protesta. Nos tomamos el bus 73 y fuimos, a conocer el barrio de los ejecutivos y las grandes empresas. Aún a pesar de hacer todo lo posible, volvimos sanos y salvos a nuestro amigable hospedaje en busca de descanso.



No hay comentarios:

Publicar un comentario